Mira primero. Sin cuenta, sin correo.
Este es un mundo real de Silent Expanse, congelado y servido a quien lo pida. Puedes girarlo, alejarte hasta el sistema, más aún hasta la galaxia, y abrir la superficie. No puedes cambiar nada: para eso necesitas un mundo propio.
Qué estás mirando
- Un planeta con superficie. Cada construcción está en una latitud y una longitud que alguien eligió, y cada batería cubre un arco de la esfera. La misma flota, enviada dos veces al mismo mundo en dos puntos distintos, queda aniquilada una vez e intacta la otra.
- Órbitas que mueven la economía. El mundo recorre una elipse de verdad, así que su temperatura y su energía solar cambian por el camino. La producción se integra sobre ese recorrido, no se multiplica por una constante. Aquí el cielo gira más rápido que el de verdad, para que un minuto de observación te muestre algo: en el juego en marcha un mundo tarda horas en dar la vuelta.
- Una galaxia casi toda a oscuras. Ves los sectores que alcanzan los sensores de este jugador. El resto es polvo, porque el mapa se descubre y no se regala.
- Un mundo enemigo, visto por una sonda. La información de esta demostración se ganó como la gana el juego: se construyeron sondas, se lanzaron, volaron y recibieron fuego, y lo que volvió es el nivel más alto — el que te enseña dónde están los cañones.
Qué no es
No es una cuenta de prueba y nada de lo que hagas aquí se guarda. Es la instantánea de un mundo donde no vive nadie, servida como archivos: al otro lado no hay ningún universo, y por eso mirarlo no te dice nada de ningún jugador real. Esa regla es el juego.
No se te pide nada y no se guarda nada en tu navegador: sin cuenta, sin cookie, sin rastreador. Qué guardamos, y por qué · las reglas.